sábado, 28 de abril de 2007

Tengo una ocurrencia para usted


Las preguntas más importantes de la vida son:


¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿A dónde vamos?
¿Cuál es el sueldo del líder de la oposición?
¿Cuánto vale un café en la calle?


Con el programa televisivo “Tengo una pregunta para usted” los idiotas son ahora idiotas en prime time. Vamos a ver, no pasa nada porque Zapatero desconozca el precio del café o lo que cuesta el alquiler de un patinete en Torrevieja. Asimismo Rajoy no tiene porqué callarse lo que cobra; seguramente menos que si se dedicara a su profesión.

¿Alguien preguntó cómo puede llegar un español a ser Jefe del Estado de su propio país sin estar vetado por razón de sangre, o si un español paga y recibe lo mismo en cualquier parte de España, o si por buscar la paz se puede pisar la justicia, o…?

¿A alguien le interesan estas cosas, aparte de lo que pasa en su bar? En la democracia de un televidente-un voto el Parlamento es un lujo caro.

2 comentarios:

Carlos García dijo...

Morbo, amigo Ful, todo morbo.

En estos tiempos en que los programas de cotilleo malsano copan los índices de audiencia, ¿qué podemos esperar?
No es tan importante saber cual es el futuro de las pensiones, la sanidad, la educación, etc.

El que le pregunta al Presidente cunato cuesta un café, lo hace a sabiendas de que se va a equivocar.
Eso es morbo.
Esa señora que le pregunta a Rajoy cuanto gana al mes, lo hace a sabiendas de que si no contesta, malo, y si lo hace, peor.
Eso es morbo tambien.

Saludos.

Meteorismo galáctico dijo...

¡Ful, me has defraudado! ¡Llamar idiota a la ciudadanía! ¿Pero cómo se te ocurre? Ahora te van a llamar fascista y tendrás que aguantarte. Al final va a ser cierto que eres un “blogcazas”.

Yo creo que para el “ciudadano y ciudadana” medios, es importantísimo ser conscientes de que su presidente toma cafés en la cafetería que hay cruzando la Carrera de San Jerónimo. Eso hace sentir que el máximo representante de nuestra Democracia (con mayúscula) es una persona cercana y que sigue tomando el pulso a la sociedad.

Comprobar que el líder de la oposición no se arredra a la hora de hacer público su sueldo (hacerlo público para los que no se han tomado la molestia de cotillearlo en el BOE en el que aparezca tan dato), animaría a seguir con la pregunta: ¿Le importaría cederme la parte apropiada de su sueldo de modo que, al sumarla a mi pensión, ganásemos lo mismo usted y yo? De responder negativamente el barbudo político, se le acusaría de promover las desigualdades y de fascista redomado y de acceder al trato, los no beneficiados por el mismo lo acusarían de demagogo y manipulador y todo el mundo se quedaría tan contento.

Cada día estoy más contento porque veo que mi misión de difundir la necedad por el mundo es compartida por muchos medios de comunicación de masas. Así conseguiremos un mundo plenamente estulto en menos que canta un gallo.